El Trastorno Obsesivo Compulsivo y la Religión

“Cuando la Fobia interfiere con la Fe”

Martín Barrera Oro – Equipo TOC de Fundación Aiglé

Con mayor o menor afán, ya sea observando estrictamente ciertas normas, o a través de una práctica ocasional y espontánea, para quienes siguen una doctrina religiosa el poder dar cauce y sentido al desarrollo de su espiritualidad suele ser algo natural y benéfico.

Sin embargo, las personas afectadas por un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), lejos de encontrar paz, armonía y equilibrio, se ven inundados por una ansiedad e incertidumbre tales que resulta imposible vivir su Fe en forma satisfactoria.

Esto puede además tener efectos muy nocivos en su funcionamiento global.

Un tratamiento adecuado puede ayudar a recobrar la claridad necesaria para vivir la religiosidad en forma saludable.

¿A qué teme alguien con TOC?

Es muy común que nuestra mente produzca ciertos pensamientos indeseables e involuntarios.

Pueden también tomar la forma de impulsos, imágenes, sensaciones, y ser extremadamente bizarros, repulsivos, angustiantes, altamente irracionales y de naturaleza inaceptable de acuerdo a nuestros valores éticos, morales, convicción religiosa, hábitos o sentido común.

Quizás cueste asimilarlo y pueda sorprendernos, pero la mayoría somos capaces de descartar y olvidar rápidamente este tipo de intrusiones tan desagradables e inconsistentes con nuestras creencias más sólidas, sin darles demasiada importancia.

Se trata de un fenómeno absolutamente frecuente y esperable en el flujo normal del pensamiento de gran parte de los seres humanos, que no implica ninguna perturbación significativa que amerite preocupación alguna.

Algo muy diferente les suele suceder a quienes padecen de TOC. Lejos de dejar pasar dichas intromisiones, continuarán recibiendo señales de miedo e inseguridad, malinterpretarán y sobredimensionarán aún más el peligro tan exageradamente percibido y se verán inmersos en un nivel ansiedad y angustia avasallante.

Así es como un fenómeno natural e inocuo como son los pensamientos intrusivos, puede ser vivido como una amenaza intolerable con probables consecuencias catastróficas.

Lógicamente, quien así pueda sentirse, intentará librarse de semejante padecimiento.

En pos de encontrar alivio, la persona que padece de TOC recurrirá a una serie de estrategias frecuentemente inadecuadas y absurdas, como buscar exageradamente una respuesta que dé fin a una inseguridad y malestar ingobernable, evitar toda posible fuente de peligro percibido, y realizar rituales, ya sean mentales (como rezar, contar, revisar, repetir), o a través de acciones reiterativas (como lavar, chequear, rezar).

Es importante subrayar que no es algo que la persona elija o desee, sino que no lo puede evitar.

Lejos de encontrar la paz

Al proceder de este modo, lo que paradójicamente suele suceder es que el TOC se agrave y consolide.

Mientras que el alivio logrado es insuficiente y pasajero, los fenómenos mentales mencionados, se vuelven cada vez más rígidos, persistentes e invasivos, la personalidad se erosiona, el tiempo y energía requeridos para obtener un mínimo y fútil remedio hace que la calidad de vida se vea notablemente afectada.

Así, el auto-cuidado, las relaciones interpersonales, amorosas, laborales, se verán significativamente y cada vez más entorpecidos.

TOC y Religión

Las intrusiones girarán en torno a lo que es más significativo e importante para cada individuo, pero justamente yendo en contra de su sistema de valores. Serán tomadas como una grave falta personal. De ahí que puedan causar tanta inquietud.

Sería por ejemplo el caso de pensamientos supuestamente blasfemos en una persona sumamente temerosa de la correcta y precisa observancia tanto de la moral como de la religión.

Así es como puede ocurrir que, de entre los diversos modos de presentación de este trastorno, lo que se encuentre opacado sea el modo de vivir la espiritualidad.

Por otra parte, las obsesiones religiosas por lo general coinciden con otras como sexuales o de agresión, y otras patologías pueden también estar en juego.

El TOC puede provocar que la persona se desconecte cada vez más de una vida religiosa saludable, su Fe se vea teñida de miedos ingobernables, obsesionándose sobre improbables desgracias y realizando extraños y tortuosos rituales.

Será necesario seguir reglas drásticas que ocuparán cada vez más tiempo y terminarán por tiranizar y aislar al individuo en un frustrante mundo plagado de ansiedad, depresión, ira, culpa, remordimiento y vergüenza.

El TOC afectará al individuo de acuerdo a su dogma religioso en particular y su propia manera de vivirlo. Podría manifestarse en la práctica de la confesión, diferentes leyes dietéticas – desde la prohibición de no comer ciertos alimentos hasta diversas prácticas de ayuno, la correcta postura y orientación realizar las oraciones, ciertas cifras, nombres, fechas, imágenes y símbolos de tal o cual credo.

En todos los casos, la errónea interpretación de pensamientos intrusivos normales y esperables conducirá al miedo obsesivo al pecado y a Dios. La ínfima posibilidad de haber cometido un acto pecaminoso y pueda merecer un castigo a sí mismo o a terceros, culminará por provocar elevadísimo niveles de ansiedad y angustia.

Como hemos visto, el individuo intentará desterrar y eliminar tanto el miedo, como las dudas y las consecuencias negativas tan temidas, lamentablemente sin éxito, o superándolo apenas por un leve lapso de tiempo, perpetuando y agravando el trastorno.

¿Cómo puede alguien darse cuenta que su religión está siendo afectada por el TOC?

Una práctica religiosa sana generalmente estaría asociada con emociones positivas.

Más allá del efímero alivio que pueda experimentarse luego de un ritual obsesivo, es importante hacer hincapié en que el TOC no proporciona ningún tipo de placer, sino que produce un insoportable malestar.

La angustia que causan y la cotidianidad atormentada de quien padece de TOC nada tienen que ver con el resultado esperable de una práctica espiritual.

A su vez, la observancia irreprochable se consideraría más como un ideal que un imperativo necesario para evitar un severo castigo divino. Una institución religiosa suele permitir conductas más moderadas y flexibles.

Como ocurre con los demás tipos de TOC, quienes lo padecen tienen un mayor o menor grado de consciencia sobre lo irracional y muchas veces bizarro de ciertas obsesiones o la rigidez absurda de algunas compulsiones.

Los miembros de una misma comunidad religiosa, los amigos, los familiares, suelen ser capaces de distinguir entre las conductas patológicas que obliga a hacer el TOC, y la práctica normativa.

El individuo a quien el TOC convence de estar en falta, a menudo no es considerado como culpable por las autoridades religiosas, aunque de poco le sirvan sus consejos.

Lo dicho puede resultar esclarecedor y tan fácil de comprender como el hecho de que si la persona ya no es capaz de asistir a su lugar preferido de culto, porque le causa más terror que paz, algo no estaría del todo bien.

Sin embargo, este padecimiento causa mucha vergüenza. Es vivido en forma privada y oculta.

Además, el insondable camino de la Fe, tan diferente para cada persona, quizás haga que los síntomas sean percibidos como religiosos en lugar de TOC.

Esto hará que sea aún más difícil de detectar, aceptar y decidir tratar. Así, pueden pasar muchos años antes de que alguien encuentre la ayuda apropiada.

¿Puede un profesional que no se base en la fe religiosa de la persona afectada, tratarla y ayudarla?

En todos los casos, sea cual fuere su orientación espiritual, el profesional adoptará una postura empática, neutral y respetuosa.

La piscología puede ser percibida erróneamente como antirreligiosa y estigmatizadora de la religión como causante de patologías, como lo es el TOC.

El/la paciente podría denotar escepticismo y preocupación al creer equivocadamente que la psicoterapia se enfocará principalmente en desafiar y combatir las creencias religiosas.

Por el contrario. Es importante volver a destacar que, de común acuerdo, el objetivo de la terapia será trabajar juntos para lograr reducir el TOC.

El / la psicoterapeuta hará sugerencias basadas en lo que su pericia y la ciencia más actual indican para que el / la paciente puedan al fin comenzar a mejorar en todas las áreas afectadas por el TOC, para que también la religión pueda ser vivida plenamente.

Sin juzgar. Con firmeza pero sin realizar imposiciones, la labor psicoterapéutica se enfocará principalmente en distinguir entre TOC y religión, poder discriminar entre rituales compulsivos y aquellos que atañen a la religión, entre los ejercicios inspirados por la fe y aquellas acciones contraproducentes que intentan aplacar un miedo patológico, para poco a poco poder optar por otras más adecuadas.

El TOC presenta determinadas características que lo distinguen como tal, pero a su vez es muy heterogéneo e idiosincrático. Las intervenciones necesarias se amoldarán a las peculiaridades, momento crítico en cuanto a la sintomatología obsesiva, así como vulnerabilidad emocional de cada individuo.

Así también, se evaluará la necesidad de incorporar o no tratamiento psicofarmacológico.

El TOC es en esencia de carácter crónico. Sin embargo, a lo largo de la vida puede ir siguiendo diferentes alteraciones en contenido, frecuencia e intensidad.

Por medio de un trabajo de fuerte compromiso colaborativo entre paciente y terapeuta, hay posibilidades adquirir nuevas herramientas de afrontamiento, atenuar sus devastadores efectos y recuperar una vida mucho más funcional.